Detrás de la Puerta Roja: Elizabeth Arden.

Hola! Hoy les presento una Nueva Categoría dentro del blog: Biografías de la Cosmética.

Y como no podía de ser de otra manera, el primer post va dedicado a la mujer que creó uno de los primeros imperios de la cosmética: Elizabeth Arden.

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Su verdadero nombre era Florence Nightingale Graham, nació en 1878 en un pequeño pueblo cerca de Toronto, Canadá.

Florence era una chica de pueblo que ayudaba a su padre a vender verduras, y desde niña su atención estaba puesta en aquellas mujeres bien vestidas, coquetas y de movimientos refinados.

Imitaba a aquellas damas, pero no tenía acceso a sus ropajes, por lo que no podía hacer mucho más, ya que carecía de dinero. Sin embargo, como en los cuentos, aprendió a hablar y a moverse como ellas.

Cada tanto iba al teatro y allí veía el mundo que siempre había soñado: mujeres hermosas, con ropa de lujo y en posición de poder. Si eras hermosa y tenías dinero, tenías poder. Esto es lo que Florence veía.

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Su padre no podía permitirse que sus hijos fueran al colegio porque los necesitaba en la granja, por lo que abandonaron los estudios, incluyendo a Florence que no terminó el bachillerato. Pero no iba a quedarse en la granja, había decidido buscarse una profesión y se fue a Toronto como enfermera, no tardó en darse cuenta que no le gustaba ver gente enferma.

Pero en ésta etapa fue donde conocío al químico del Hospital, a quién había visto experimentar con una crema que podía curar, y ella se preguntó si se podía conseguir una crema que volviese la piel más clara, brillante y saludable. Recordó que las chicas de las granjas vecinas creaban mejunjes propios para cuidar su piel. Así que regresó a su casa para jugar a ser científica, quería crear una crema para luego venderla.

Entonces su padre le dió un ultimatum: o trabajar o casarse. Y como el matrimonio no era para ella, se fué.

Mientras corria el año 1907 y con intención de poner en marcha sus planes, llegó a la estación central de New York con esperanza y ambición.

Cambió su nombre, que se le ocurrió a partir de sus lecturas favoritas: Elizabeth y su jardín germano y Enoch Arden, de Lord Tennyson.

En la época victoriana, las mujeres no se maquillaban porque el pensamiento era que ésto sólo lo hacían las mujeres de “dudosa reputación”, sin embargo, sí cuidaban su piel para blanquearla. Éstas mujeres vivian en una encrucijada de doble moral a vista de los hombres. Por un lado, éstos exigían que las mujeres fueran bellas. Sólo las más hermosas tendrían asegurado amor, pero al mismo tiempo, las criticaban por utilizar cosméticos o cualquier otro “truco”.

En ese entonces se pensaba que la belleza era producto del destino, siendo inaceptable una “belleza artificial”. (Leasé natideladauphine 1900) —> Historia del Maquillaje – 1900

Elizabeth Arden fue en gran parte responsable de establecer un estilo de maquillaje apropiado e incluso necesario para obtener una imagen propia de una dama, ya que como mencioné antes el maquillaje estaba asociado a las clases más bajas e incluso con las prostitutas.

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El surgimiento del Shop-Girl

Con la explosión del comercio las mujeres empezaron a salir de casa. Los salones de belleza y peluquería aprovecharon la oportunidad de ofrecer a las mujeres más servicios, inculcando la noción de que una “mujer de bien” debía aparecer perfecta en público para fortalecer el status de su marido. Es decir que al mismo tiempo que fomentaban la idea, se aprovechaban de ella. La belleza, se convertía así en una obligación.

Fue una gran emprendedora, se arriesgó cuando fue necesario y vio hacia donde iba el mercado. Gracias a un crédito de seis mil dólares, Arden fundó en 1910 el Red Door salón, nada más y nada menos que sobre la Quinta Avenida en Nueva York.

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Elizabeth Arden estaba convencida de que el éxito de la belleza radicaba en combinar de forma inteligente la naturaleza con la ciencia y agregarle una pizca de marketing.

Fue la firma que antes entendió la importancia de la publicidad, siendo los primeros en anunciarse en los cines.

Vintage Publicity:

Elizabeth enfocaba su negocio hacia quienes querían llevar una buena apariencia. Según ella: “La belleza es un derecho más de la mujer, al que todas deberían tener acceso”. Sin embargo, el precio de sus productos lanzaba un mensaje distinto. Cultivaba un mercado de elite, de clase alta. Rodeaba sus productos de un aura de exclusividad, que enviaba el mensaje que aquellas mujeres que compraban un producto Arden, o bien pertenecían a la clase alta, o bien aspiraban a conseguirlo. Convirtió los unguentos en productos de lujo, envasados como joyas, no cualquier mujer podía permitirselos.

Su salón estaba diseñado para atraer a mujeres de fortuna y posición, acarreando un concepto de lujo absoluto. Este sería el modelo a seguir para el resto de salones que se abrirían en las ciudades más importantes del mundo. Cada salón debía cumplir los estríctos estándares que Arden proponía desde el principio. Elizabeth luchaba por la calidad.

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Todas las mujeres, sin importar su clase social entendieron que el maquillaje era una forma de expresar su identidad femenina y no una máscara. Si compraban cosméticos y se maquillaban, estarían en el camino a la autorealización y el éxito. El lenguaje de los cosméticos que hoy en día es tan común, comenzó en la década de 1920. (Leasé natideladauphine 1920) —> Historia del Maquillaje – 1920

Introdujo en los Estados Unidos las sombras de ojos y creó los tratamientos que son el 1-2-3 de la cosmética moderna, y que todas ya conocemos tan bien: 1-limpiar, 2-tonificar, 3-hidratar y nutrir. Desterrando la costumbre de que una misma crema servía para todo y para todos. Fue pionera en lo que después se conoció como “belleza total”, en su salón ofrecía una variedad de servicios inédita para la época, como: tratamientos faciales, cambios de look, masajes e incluso clases de ejercicios o baile.

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Pese a que hacía y aplicaba sus fórmulas en el Red Door salón, después decidió prepararlas también para vender y que se pudieran usar en casa sin necesidad de pisar el salón. A fin de mantener la exclusividad de la compañía, sólo distribuía sus productos en tiendas y grandes almacenes de prestigio de todo el mundo.

El éxito no tardó en llegar y, para el año 1916, Elizabeth Arden ocupaba el primer lugar en ventas en una gran variedad de productos. Sus ideas revolucionaron el negocio de la belleza y su imperio llegó a tener 40 salones en las ciudades más importantes del planeta.

Matrimonios: 

Se casó y se divorció en dos ocasiones. Su primer matrimonio fue con Thomas Lewis, el banquero que le había conseguido aquel préstamo de seis mil dólares y que se convirtió en su asesor financiero; y el segundo con un príncipe ruso.

Su Archi Rival:

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No se puede hablar de Elizabeth Arden sin mencionar a Helena Rubinstein: su mayor competencia.

Ella quería ser la mejor. De carácter fuerte y competitivo, nada la irritaba más que las comparaciones con Helena Rubinstein, su archienemiga. Eran despiadadas e implacables a la hora de competir. Ambas defendían su territorio a muerte. Entre estas mujeres la competencia fue feroz durante sesenta años. Las dos eran empresarias en el rubro de la cosmética, exitosas y mundialmente reconocidas, aunque se odiaban y se espiaban mutuamente.

Pero detrás de tanto fuego cruzado, ambas se miraban como en un espejo. Estas mujeres fundaron imperios de la cosmética rivales, en una época en que el negocio estaba dominado por hombres y el maquillaje era considerado vulgar! Fueron las primeras en venderles a los consumidores norteamericanos y europeos la cultura de la belleza, esa idea de que una crema es, además de un tratamiento, un momento de placer.

Sin proponérselo y llevadas por el deseo de superarse una sobre la otra, crearon la base del marketing moderno con tácticas más que agresivas para la época.

Belleza Total:

Elizabeth llegaría a las mujeres de todo el mundo con su concepto de “belleza total”. En los años 20´s produce su primera película de gimnasia filmada en una playa de California.

Un fragmento en el siguiente link: https://www.youtube.com/watch?v=ZbER5Oci9YU

Artículos:

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Emperatriz de la cosmética:

Esta industria demostró estar a prueba de todo, incluso de las crisis más difíciles. Después de todo, hay que tener en cuenta que el proceso de embellecimiento y el culto a lo bello se basan en esperanzas y aspiraciones; en el deseo de cambiar. Elizabeth estaba convencida de ésto, al igual que sus clientas.

Ya que eran tiempos difíciles y la esperanza decaía por momentos, resultaba fácil consolarse con los placeres más pequeños, como los que se encontraban en un mostrador Arden.

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Elizabeth levantó su imperio a fuerza de audacia. Fue una empresaria pionera en 1900. Sin dinero pero con mucha ambición, creó una empresa multimillonaria – hoy incluye fragancias, maquillajes, cremas de tratamiento y más – .

Controló su imperio con trabajo duro y constante hasta su muerte, en octubre de 1966.

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Muchas de sus enseñanzas aún marcan el rumbo en la industria cosmética.

Su salón:

El salón de la Quinta Avenida es un ícono. Ya lleva más de 100 años en función. Por si algún día estás por New York y querés visitar ésta joya de la cosmética dejo aquí la dirección:

663 Fifth Avenue at 52nd Street

New York, NY

10022

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Gracias por leer,

Hasta la próxima!

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